Museo de Arte

Con independencia de que algunos museos -sobre todo, de reciente creaci√≥n- atiendan las manifestaciones art√≠sticas de forma interdisciplinar, junto a las artes pl√°sticas deben incluirse tam¬≠bi√©n en esta categor√≠a de museos de arte los re¬≠lativos a las dem√°s artes (m√ļsica, literatura, coreograf√≠a, artes esc√©nicas diversas...), aunque cada uno de ellos adquiera su propia especificidad museol√≥gica.

Una de las caracter√≠sticas esenciales de todos los museos de arte es la exigencia que imponen las obras de mantener en su exhibici√≥n un contacto inmediato e √≠ntimo entre √©stas y el p√ļblico, como condici√≥n indispensable para que se produzca, sin otros recursos sustitutorios, el beneficio de la per¬≠cepci√≥n y contemplaci√≥n de la pieza original, como artes visuales que son. De ah√≠, la importancia del estado de conser¬≠vaci√≥n (o, en su caso, de la restauraci√≥n), de las piezas, y el ambiente, la atm√≥sfera e iluminaci√≥n que se les proporciona en el museo. La disposici√≥n did√°ctica de la instalaci√≥n debe favorecer el deleite y la adquisici√≥n de conocimientos. Y, cuando se trata de obras maestras de las bellas artes, las exhi¬≠biciones temporales deben acercar al p√ļblico la posibilidad de familiarizarse con las colecciones que un museo no puede adquirir por su rareza o alto precio.

 

¬ŅPero hablamos de museos de arte o de museos de Historia del Arte? ¬ŅConflicto en ciernes? Se ha optado aqu√≠ por enfatizar el car√°cter hist√≥rico-art√≠stico de los mu¬≠seos que re√ļnen colecciones de arte, por diversas razones. De entrada, porque si aten¬≠demos a los citados como m√°s conocidos, todos muestran obras enmarcadas en el tiempo, ordenadas por movimientos art√≠sticos y escuelas, como recomendaba Chretien de Mechel y como la moderna disciplina de la Historia del Arte sigue postulando como mejor m√©todo para el estudio de la creaci√≥n art√≠stica.

Pero hay m√°s; es preciso debatir la idea misma de arte para entender mejor la naturaleza de este tipo de museos y sus l√≠mites. En primer lugar porque reconoce¬≠mos que es dif√≠cil dar con una definici√≥n definitiva de arte y porque hay tantas artes posibles como artistas potenciales, lo que no puede traducirse en una gama infinita de tipolog√≠as muse√≠sticas. El arte es una manifestaci√≥n creativa del ser humano ina¬≠sible en muchos sentidos. Adem√°s existen las manifestaciones art√≠sticas o performances que no dan lugar a objetos y cuya expresi√≥n mediante la voz, el gesto o el movimiento culmina y se agota en el acto mismo de crearlas o presentarlas, como el teatro o la danza. Lo que llamamos patrimonio inmaterial de los pueblos ‚ÄĒfestividades, repre¬≠sentaciones de tradiciones vivas, rituales, etc.‚ÄĒ tampoco se puede recoger y guardar en museos, puesto que se trata tambi√©n de manifestaciones de car√°cter intangible, en el sentido de que no dan lugar a un resultado material definitivo. S√≥lo adquieren sen¬≠tido en el acto mismo de crearlas y recrearlas, aunque esta recreaci√≥n responda a secuencias repetitivas. Otra cosa son los objetos utilizados en estas manifestaciones, que s√≠ pueden conservarse y contemplarse en museos como objetos art√≠sticos, hist√≥¬≠ricos o etnogr√°ficos.

Las artes que producen objetos (de hecho tendr√≠amos que hablar con propiedad de manifestaciones art√≠sticas tangibles) se dividen tradicionalmente en Bellas Artes y Artes Aplicadas, lo que da lugar a tipos de museos a menudo separados. Su distin¬≠ci√≥n reside en el hecho de que las primeras se interesan fundamentalmente por obje¬≠tos que en principio han sido pensados y creados por artistas profesionales como objetos para el goce est√©tico, por tanto, en objetos en persecuci√≥n de la excelencia art√≠stica; o en otras palabras, en manifestaciones del arte por el arte, como un √≥leo o una escultura. El Museo de Bellas Artes de Sevilla conserva esta tradicional denomi¬≠naci√≥n, por ejemplo. Las Artes Aplicadas, en cambio, se interesan por objetos crea¬≠dos sea artesanalmente o industrialmente, con intencionalidad funcional, es decir para ser √ļtiles, complementada por una segunda aspiraci√≥n de no renunciar al logro de la belleza; es el caso de una reja de forja renacentista o una mesa de sal√≥n de esti¬≠lo neog√≥tico con sus sillas. Las llamadas Artes Decorativas son primas hermanas de estas √ļltimas y a menudo en los museos no se muestran como cosas distintas. Re√ļnen objetos destinados a la decoraci√≥n de los interiores dom√©sticos, como un mueble Luis XV o una l√°mpara modernista. El Museo Victoria y Albert de Londres tiene unas colecciones internacionales de artes aplicadas y decorativas √ļnicas en el mundo. Y, conectando con la notable tradici√≥n brit√°nica de maridar arte con peda¬≠gog√≠a, otro museo de artes decorativas sobresale en Londres: el Geffrye Museum, especializado en los interiores dom√©sticos hist√≥ricos ingleses, presentados de forma particularmente atractiva.

Existe desde el siglo XIX otra categor√≠a de museos de arte que se inclina por los objetos de las llamadas Artes Populares. Su objetivo es coleccionar objetos creados con sentido art√≠stico y de acuerdo con una tradici√≥n, por "el pueblo", como parte de su actividad cotidiana, sea en los √°mbitos dom√©stico, profesional o econ√≥mico. Un ejemplo es el Museo de Arte Popular del Tirol en Innsbruck, fundado como museo de artes y oficios en 1888, en un momento en que se tem√≠a por la desaparici√≥n de la arte¬≠san√≠a amenazada por la industrializaci√≥n, y refundado en 1929 como museo de artes populares para salvar una cultura que desaparec√≠a. Estos museos seg√ļn el contexto hist√≥rico-geogr√°fico en el que se generan y desarrollan, pueden especializarse en objetos "√©tnicos", esto es, de origen tribal o de sociedades "primitivas"; o "folcl√≥ricos", esto es, producidos por la gente com√ļn en el contexto de una sociedad agraria tra¬≠dicional. Por todo ello a veces las colecciones de artes populares se confunden con las colecciones etnogr√°ficas.

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Finalmente, a√ļn existe una categor√≠a de museos art√≠sticos por concepci√≥n ‚ÄĒlla¬≠mados en ocasiones museos arqueol√≥gicos‚ÄĒ que hist√≥ricamente han coleccionado objetos arqueol√≥gicos e hist√≥ricos procedentes de civilizaciones antiguas. Es el caso del Museo Nacional de Arte Romano de M√©rida, cuyo moderno edificio es muy ilus¬≠trativo sobre una visi√≥n de las colecciones deudora de la Historia del Arte, o del Per-gamon de Berl√≠n, c√©lebre por las espectaculares instalaciones de monumentos de la antig√ľedad en sus salas.

El coleccionismo art√≠stico ha sido hist√≥ricamente un fen√≥meno muy plural en tanto que la personalidad del coleccionista acostumbra a marcar enormemente la orientaci√≥n de las colecciones. En ocasiones ha primado la persecuci√≥n de la indivi¬≠dualidad y el genio ‚ÄĒdando lugar m√°s tarde a los conocidos como museos de artista como el Van Gogh de Amsterdam o los Picasso de Par√≠s, Barcelona y M√°laga‚ÄĒ; en otras, la referencia hay que buscarla en las peculiaridades del gusto individual, como en los llamados museos de coleccionista, caso del Sir John Soane's Museum de Lon¬≠dres o el Museo Mares de escultura de Barcelona; y en otras incluso ha primado el valor del substrato representado por las manifestaciones an√≥nimas de una colectivi¬≠dad, caso de los museos de arte popular. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, que tambi√©n es un museo de coleccionista, permite, sin embargo, dar un paseo, excep¬≠cional por lo completo, a trav√©s de la historia de la pintura europea moderna.

Hoy día nuestra compleja contemporaneidad privilegia en los grandes polos urba­nos los museos de arte experimentales en su concepción y en sus planteamientos museográficos. Es el caso del IVAM de Valencia o de la Tate Modern de Londres, centrados en colecciones de arte contemporáneo. En paralelo a este modelo, en otros puntos triunfa el museo de arte como icono urbano por el valor otorgado al conti­nente, es decir, al edificio, caso del Museo Guggenheim de Bilbao o de la novísima ampliación del Denver Art Museum de la capital del Estado de Colorado.

Ante tal complejidad, ¬Ņc√≥mo puede definirse en pocas palabras un museo de arte? Misi√≥n dif√≠cil si nos atenemos a las m√ļltiples voces interesadas en la cuesti√≥n, entre otros, periodistas, cr√≠ticos de arte o muse√≥logos cr√≠ticos. Aunque tambi√©n puede zan¬≠jarse la misma simplificando, y afirmar que es aquel cuyas colecciones est√°n forma¬≠das por objetos originales seleccionados por su valor est√©tico a los que se ha conferi¬≠do la condici√≥n de obras de arte, las cuales se presentan ordenadamente por autor, tendencia o escuela, favoreciendo su contemplaci√≥n directa, natural e inmediata. Y, ¬Ņcu√°les son los cometidos de un museo de arte? Por m√°s que actualmente se ponga √©nfasis en la experimentaci√≥n y en la relectura de las museograf√≠as tradicionales, hay cometidos que siguen firmes como las rocas, de modo que es muy posible que algu¬≠no o algunos de los siguientes, figuren en las intenciones de cualquier museo actual con colecciones art√≠sticas:

 

 

a) Explicar la Historia del Arte de un país, un área cultural o una región.

b)  Profundizar en el arte de una fase histórica considerada como edad de oro.

c)     Difundir los méritos artísticos de un artista o escuela.

d) Educar el gusto art√≠stico del p√ļblico, presentando obras de arte ordenadas por escuelas y etapas.

e) Estimular la creatividad de la gente y el aprecio general por la obra del arte.

f)¬†¬† Servir de laboratorio de experiencias art√≠sticas de modo que aparte de con¬≠servar colecciones hist√≥ricas, recientes o no, se ofrezca al p√ļblico y a los artis¬≠tas un espacio para la creaci√≥n.

g)¬†¬† Difundir el arte contempor√°neo mediante la presentaci√≥n de todo tipo de creaciones del arte de nuestros d√≠as, incluyendo fotograf√≠a, cine, v√≠deo, dise¬≠√Īo, publicidad, c√≥mic, instalaciones y otras propuestas interdisciplinarias.