El Hotel D´aumont

El Hotel D´aumont (1665)

En 1665 Mansart diseñó una escalera para eL Hôtel D´aumount cuya parte prin­cipal se había construido hacía más de veinticinco años, probablemente obra de Le Vau. La escalera, que conocemos por el grabado de Daviler, es una muestra interesante de la ingeniosidad de Mansart en su última época. Ha aprovechado bri­llantemente las posibilidades del limitado espacio disponible situando los primeros es­calones del tramo en medio del hueco que conduce a la escalera, y luego corriendo los demás hacia un lado a la vez que los hace más estrechos, de forma que allí donde dan la vuelta hacia la última parte del tramo sólo miden la mitad de la anchura total del espacio. Pero esta transformación la lleva a cabo de una forma tan sutil que apenas molestaría a quien los subiera. La escalera está precedida por un pequeño vestíbulo con columnas dóricas y un nicho profundo a cada lado, lo cual constituye un acceso dramático y de concepción plástica al tramo principal. La balaustrada parece tan ingeniosa como la de Maisons.

 

Se debe considerar a Mansart como uno de los arquitectos que expresaron de ma­nera más pura y más completa el espíritu clásico francés del siglo XVII. Sus obras re­flejan en grado sumo las cualidades que se suelen asociar con este espíritu: la claridad combinada con la sutileza, la sobriedad con la opulencia; la obediencia a un código estricto de leyes unida a una flexibilidad dentro de éstas; y la concentración conse­guida por la supresión de lo superfluo. Su estilo no presenta la calidad heroica que se encuentra en los cuadros más clásicos de Poussin o en las grandes tragedias de Corneille, pero él trabajó para patronos que exigían entornos lujosos para sus vidas y éstos no hubieran apreciado del todo la gravedad estoica de las obras más severas de Poussin. Pero teniendo en cuenta esa diferencia, podemos decir que su estilo el equivalente arquitectónico del clasicismo que súbitamente llegó a dominar la cultura francesa en otros terrenos durante la mi­noría de Luis XIV. François Mansart puede ser el arquitecto más sutil de su generación, pero no fue el más afortunado.

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