Castillo Balleroy

Castillo Balleroy (1626)

El √ļnico ejemplo que sobrevive de sus primeros trabajos es el castillo de¬†Balleroy, encargado por Gast√≥n de Orleans, cuyas obras se iniciaron en¬†1626. El propio duque quedo tan complacido con el resultado que invit√≥ a Mansart a renovar su¬†Castillo de Blois¬†en (1635). El arquitecto pretendi√≥ reconstruir esta antigua residencia real de forma completa, pero sus proyectos fueron bloqueados y s√≥lo se reconstruy√≥ con los planos de Mansart el ala norte, en los que utiliz√≥ de forma h√°bil los √≥rdenes cl√°sicos.

 

 

 

El edificio central está marcada por dos elegantes pabellones laterales, nota de gracia arquitectónica, adaptación de los modelos italianos del Renacimiento.

El castillo es una síntesis de tradición francesa - edificio central, flanqueado por casas - y las normas de proporción, en parte inspirado en el Renacimiento italiano a través de los escritos de Sebastiano Serlio.

El dise√Īo principal del lado del patio es parecido al del centro de Berny, pero Mansart ha suprimido las alas y termina el edificio con bloques bajos de una sola planta. La agrupaci√≥n de los vol√ļmenes principales es mucho mas clara y armoniosa que en Berny.

Uno de los elementos m√°s destacables de todo el dise√Īo de Balleroy es el patio de entrada. √Čste est√° rodeado por una terraza baja sobre la cual se levantan dos pabellones peque√Īos, como en Bl√©rancourt. El patio en s√≠ est√° a nivel superior al del acceso, comunicado con √©ste por medio de una escalera copiada de los tramos ovalados de la escalera de Philiber√≠ de l¬īOrme en la terraza de Anet.

Esta escalera tiene su eco en otros tres tramos ovalados, de los cuales dos llevan desde el patio de entrada a la terraza, y el tercero a la puerta principal. Una consecuencia de esta serie de cambios de nivel es que los vol√ļmenes sencillos del palacio parecen cernirse sobre el visitante que, procedente del pueblo, atraviesa el foso. De hecho, podemos decir que en Balleroy Mansart aparece por primera vez como artista independiente. Ya se ha per¬≠catado de las implicaciones del clasicismo de la √ļltima √©poca de de Brosse, y ha combinado el estilo de su maestro con otra tra¬≠dici√≥n que tambi√©n podemos llamar cl√°sica en cierto sentido, concretamente el estilo de piedra y ladrillo de Enrique IV.

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