Las organizaciones dependientes orgánicamente.

Son organizaciones dependientes orgánicamente todas aquellas que dependen fundamentalmente de un departamento o instituto de una administración pública, una empresa, una iglesia o una universidad. Este tipo de museos, que como vemos pueden ser tanto públicos como privados, forman parte indisociable de tales autoridades tutelares, como cualquier otra dependencia orgánica de las mismas, y sus empleados son generalmente funcionarios cuando se trata de una administración pública (central, autonómica, provincial o local), o empleados contratados si de las demás instituciones se trata. Son organizaciones dependientes orgánicamente, por ejemplo, el Museo Sorolla de Madrid, el Museo de Zoología de Barcelona, el Huterian Museum de la Universidad de Glasgow con colecciones de arqueología, paleontología y ciencias naturales al servicio de la docencia.

Por su naturaleza, este tipo de museos no goza de ningún grado de autonomía de gestión habitual se corresponde con la pirámide jerárquica, con un director en el vértice nombrado por la autoridad tutelar (normalmente responsable del departamento al que  está adscrito  el museo). En el mejor de los casos la dirección del museo puede contar con el respaldo de un consejo con funciones puramente asesoras, formado por personas independientes altamente cualificadas que representan en el seno de la organización al conjunto de ciudadanía a la cual sirve el museo. Este apoyo lógico y aconsejable toda vez que estos museos, sobre todo los públicos y los universitarios, tienen un único propósito fundacional de servicio publico.

Bajo la autoridad del director, cuyo cargo es equivalente al de cualquier otro jefe de sección o departamento de otra independencia administrativa, la organización se estructura por secciones o departamentos de carácter disciplinario o funcional según el caso y tamaño del museo, para ejercer las funciones que la organización tiene encomendadas. Los empleados o son funcionarios de carrera o son contratados laborales o son becarios eventuales. Difícilmente caben los voluntarios en ese tipo de organizaciones, aunque es posible que los haya en asociaciones de “amigos del museo”.

El personal es responsable técnicamente ante el director, aunque como empleado de la autoridad tutelar, puede en ocasiones sentir sobre sus espaldas el peso de una doble presión.

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La financiación proviene directamente de forma exclusiva del ente tutelar, en la forma e una asignación anual fija que ya esta prevista con anterioridad y convenientemente reflejada en los presupuestos generales del mismo. Esta asignación puede variar mucho según el tipo de autoridad, aunque tiene la ventaja de ser conocí de antemano y de llegar puntualmente, como sucede con los sueldos de los funcionarios que trabajan en una organización publica. Igual que ocurre con los sueldos, siempre existe la sensación de que se trata de una asignación insuficiente para cubrir las necesidades de su receptor. Por otra parte no cabe de contar con las rentas que pueda generar el museo, puesto que estas pasan directamente a las arcas de la autoridad tutelar. Pero más que el montante de las sumas de dinero asignada, lo que preocupa sobre todo a este tipo de museos es la falta absoluta de autonomía para funcionar, con sus problemas asociados de limitación de libertad de movimientos, trabajo condicionado y rutinario, forzada adherencia a unas tarifas económicas presupuestadas, y falta de eficacia y de incentivos en muchas ocasiones. La boutade de que el directote del Louvre hace años no podía ni disponer por si mismo de un bolígrafo, es el reflejo de una situación cierta en muchos museos.

Los fondos patrimoniales que gestiona la organización, así como el edificio y las instalaciones, son normalmente del titular del museo. En España se da a veces el caso de que la propiedad este repartida entre administraciones públicas distintas, lo que deberá reglarse por convenio que una autoridad el inmueble y colecciones y otra la gestión, como tenga ya se ha apuntado al hablar del marco institucional de los museos. Estos, como organizaciones dependientes, no necesariamente  han de resultar malos museos; al contrario, a veces son grandes instituciones en las que la seriedad profesional de sus empleados y el peso de una tradición gloriosa siguen proporcionando un imbatible valor añadido.