Museos de Ciencia y Técnica

Fueron los principios de la Ilustración y la misma Revolución francesa los responsa­bles de que se creara en París a finales del siglo XVIII un Conservatoire d'Arts et Métiers con la intención de instruir al pueblo sobre los avances de la ciencia y la técnica. La misma idea, más el ejemplo pedagógico de aquel museo-escuela-taller a lo largo de décadas, inspiró 100 años después la creación de los primeros museos de ciencia y técnica modernos. Entre tanto, los logros de la Revolución industrial con sus Expo­siciones Universales, su entusiasmo por la máquina y su confianza ciega en el pro­greso material de la humanidad, despejaron el camino para el nuevo modelo de museo.

Las primeras grandes Exposiciones Universales, espejo de los avances de la indus­tria, llamaron la atención sobre la oportunidad de conservar en museos aquellas evi­dencias del progreso que quedaban sin utilidad una vez cerraba sus puertas el mag­no evento. Así nació en South Kensington, en 1857, el primer Museo de la Ciencia de Londres, que alcanzó un fulgurante éxito al mostrar en sus tres dimensiones aque­llos inventos, máquinas y herramientas de que tanto se hablaba y que muchos sólo podían ver en enciclopedias y prospectos. Entre los museos pioneros destaca inme­diatamente el Deutsches Museum de Munich; obra personal de Oskar von Miller, su tamaño, colecciones y liderazgo en técnicas expositivas y aprovechamiento peda­gógico (dioramas, maquetas y modelos que funcionan), lo convierten en las prime­ras décadas del siglo XX en modelo que imitar, cosa que hace entre otros el Museo de la Ciencia y la Industria de Chicago, fundado por los magnates de la industria del norte de Estados Unidos. Mientras tanto, Francia no cede la vanguardia en la divul­gación científica y construye primero un Planetarium y poco después en el mismo entorno parisino un Palais de la Découverte.

Estos museos siguen hoy como ayer, concentrándose no tanto en la historia de la ciencia y la técnica, como en la divulgación de los avances científicos y tecnológicos del momento. Coleccionan objetos como los demás museos, pero sin embargo la función principal que cumplen tales objetos es servir para realizar demostraciones en vivo. Ello presupone el contacto directo del visitante con los propios ingenios tecnológicos o con sus réplicas. En muchas secciones de estos museos más que disuadir al visitante de que toque los objetos expuestos, se invita a experimentar con ellos, lo que los convierte en genuinos museos interactivos. El atractivo popular de los museos de ciencia y técnica está asegurado por esta razón y por el espectáculo  que ofrecen los grandes ingenios que han hecho época, como pasa en Londres con la primera locomotora de vapor o en el National Air and Space Museum de Washington con la última nave espacial.

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Presentación Diapositivas

En la segunda mitad del siglo XX la nueva cultura de la televisión y los medios audio­visuales enfatiza la novedad, la participación y la imagen dinámica. Los museos empie­zan a hacer uso del vídeo y la televisión no sólo como herramientas interpretativas, sino también como tema alrededor del cual construir un discurso museográfico. Ello dará lugar a museos especializados de cine, prensa y televisión, como el Museum of thea  Moving Image de Londres, el Museo Nacional del Cine , instalado desde 2000 en la emblemática Mole Antonelliana de Turín, o el celebrado News Museum de Washington DC, todos ellos candidatos a ser incluidos en esta misma tipología.

Una consecuencia natural de extremar la lógica del museo demostrador ha sido la aparición del Exploratorium. Aunque la idea se perfecciona en San Francisco a finales de los años sesenta del siglo XX, surge posiblemente en París unas décadas antes en el propio Palais de la Découverte, dado su enfoque experimental. El Exploratorium deja de ser museo en el sentido de adquirir y mantener colecciones (vemos incluso que abandona la palabra museo para designarse) para volcarse en la pura divulgación por medio de módulos interactivos creados para desarrollar una didáctica lúdica. Con el principio de la interactividad llevado a su máxima expresión, los visitantes, mayormente niños, tocan y participan en talleres guiados.

Los museos de ciencia y técnica son, como vemos, museos didácticos y dinámicos por naturaleza, por lo que tienden a ser los más inclinados a cambiar y adaptarse a los gustos y demandas de su público. No debe sorprender pues, ver cómo a menudo transformn sus salas de exposición, amplían sus intalaciones e incorporan nuevos atractivos. Entre los que lo han hecho recientemente hay que citar al antiguo Conservatoire de París, hoy Musée National dÁrts et Métiers, La Cite de les Sciences, les Tecchniques et L´Industrie de ka VIllete, tambien de Paris, y Cosmocaixa, el museo de la ciencia de Barcelona, hoy mas museo que la anterior propuesta de la misma marca.

El boom de los museos de ciencia y tecnología llegó también a España algo tardiamente. El de la ciudad de Barcelona, iniciativa de la fundación “La Caixa”, hizo de ancla en su momento. Luego diversas autoridades autonómicas y locales contribuyeron con sus iniciativas a cebar este boom en un afán por aggionarse en este campo de la museística propicio para cosechar éxitos. En la última década, variadas propuestas híbridas, navegando entre los clásicos museos de ciencias y los exploratoriums, han servido de buque insignia de las políticas culturales de divulgación cientifica de diversas autoridades autonomicas y locales; por ejemplo, el Museo de ciencias de Ciutat de las Ars y les Ciéncies de Valencia, la Domus de La Coruña, el Parque de las Ciencias de Granada o el Museo de las Ciencias de Cstilla- La Mancha de Cuenca

 

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