Sistema y clasificación de los museos según el Icom.


Lo cierto es que una de las atenciones que la in­vestigación museológica ha mantenido con inte­rés en las pasadas décadas ha sido, precisamente, la clasificación científica de los museos, su codifi­cación y fijación tipológicas. La museología, como ciencia rigurosa que es, ha impulsado esta activi­dad por medio de expertos e instituciones reco­nocidas, como el ICOM, con el fin de lograr una mayor especialización y funcionalidad de los mu­seos en el ejercicio de sus cometidos.

Para ello ha tenido muy en cuenta su carác­ter de instrumentos de conservación, investiga­ción y difusión del patrimonio cultural en una so­ciedad como la contemporánea, cada vez más proclive a la especialización de contenidos y ser­vicios. Y no ha prescindido en su propósito de aquella doble tipología originaria, que ha perma­necido de algún modo presente en los diferentes museos de los distintos países, reflejándose in­cluso en las decisiones de los comités del ICOM al respecto.

De hecho, antes de que en 1963 se crearan los primeros comités, los países occidentales te­nían generalmente configurados sus museos de acuerdo con los criterios de las diversas disciplinas -artes, ciencias y técnicas- a que se referían las co­lecciones conservadas. Pero fue a partir de esa fe­cha cuando se inició una clasificación genérica atendiendo a sus contenidos, que quedaron agru­pados primero en cinco grandes bloques: museos de historia, museos de arte, museos de etnología, museos de historia natural y museos de ciencia y técnica, según se público en aquel momento. En ese mismo año, el ICOM completaría esta clasifi­cación con motivo de la creación de los Comités Internacionales de Trabajo sobre problemas museográficos. Se establecieron una serie de Comi­tés de Estudio que respondían a una tipicación más compleja que la anterior, al enumerar doce grupos. Posteriormente, al proponer el Comité del ICOM la política a seguir en los museos, enu­meró en uno de sus programas ocho categorías. Diversos autores han venido realizando tam­bién estudios de clasificación de los museos, de acuerdo con variados criterios y principios: aten­diendo al contenido o disciplina, al carácter cuan­titativo o específico, a la propiedad, etc. Así, Luigi Salerno distinguía a principios de los sesenta, además de una primera división entre museos de antigua formación -donde se incluyen los mu­seos mixtos y los museos públicos estatales- y museos de nueva planta, en relación al conteni­do dos grupos: los documentales (históricos, ge­ográficos, etnográficos, militares, de la ciencia, de la técnica, de las ideas, de cera...), en los que lo do­cumental no comporta connotaciones artísticas, y los de arte, desde la prehistoria a la edad con­temporánea, según las asumidas divisiones y sub­divisiones de la historia del arte. De este modo, Sa-lerno incluye el arte clásico en los de bellas artes y el arte actual en los contemporáneos.

Por su parte, Germain Bazin, Luc Benoist, Jean-Yves Veillard, Jean Rose y Charles Penel, P. Bucarelli y Georges Henri Riviére, entre otros, han dedicado importantes estudios a la tipología y clasificación de los museos.

Hugues de Varine-Bo-han prefiere dividirlos en tres categorías -artísticos o estéticos, históricos y científicos-, desglosándo­los en museos de arte, museos históricos, museos de la ciencia y museos especializados (museos al aire libre, museos regionales y otras instituciones que funcionan como museos). Geodfrey D. Lewis los clasifica de este modo: museos generales, museos de arte, museos de historia y museos de la ciencia. Entre los autores españoles, María Luisa He­rrera, Alomar, Hoyos y Roselló, Consuelo Sanz Pastor y Juan Antonio Gaya Ñuño han reali­zado algún análisis -general o parcial- sobre la ti­pología museística. Y Gratiniano Nieto Gallo, que atiende a la clasificación del ICOM y la de los mu­seos españoles en los años setenta.

En concreto, M. L. Herrera, sin realizar una cla­sificación sistemática, divide los museos de modo general en históricos y científicos, artísticos y par­ticulares, generales y monográficos, admitiendo subdivisiones.

Juan Antonio Gaya Nuño, por su parte, pre­fiere agruparlos en: museos antropológicos y et­nológicos, museos arqueológicos y de artes deco­rativas, museos de arte antiguo, museos de arte moderno y contemporáneo y museos de varia es-pecialización.

Atención aparte merece Aurora León, quien estudia y expone con amplitud este tema, anali­za y critica algunas otras posiciones, y determina tres tipologías museísticas «según la disciplina», «según la densificación objetual» y «según la pro­piedad».

 

Analiza a continuación los distintos tipos de museos -de Arte, Arqueológicos, de Bellas Artes, de Arte Contemporáneo, de Historia, de Etnolo­gía, de Ciencias y de Tecnología- según el conte­nido, para pasar a continuación a detenerse en la clasificación según la densidad objetual.

 

La configuración de un museo depende substancial-mente de la entidad a la que pertenece. Museos pú­blicos y privados son las dos tipologías básicas que analizamos, haciendo constar desde un principio que el hecho de estudiarlos desde el punto de vista de la propiedad atañe esencialmente a las fuentes de fi­nanciación, si bien, como consecuencia de ellas, se desprenden concepciones museológicas diversas. Ade­más, las diferencias que se establecen entre ellos no afectan al uso público que en ambas entidades se lle­van a cabo, aunque sí es importante distinguir entre «museo» y «colección privada» ya que ésta puede es­tar condicionada por la utilidad restrictiva o amplia que su propietario quiera conferirle, mientras que el mu­seo privado es «público» socialmente

 

Por su parte, Miguel Beltrán Lloris propone, al considerar los museos españoles, una triple clasificación basada en los criterios de extensión, contenido y administración.

La amplia diversidad tipológica de los museos sugiere a algunos otros tratadistas, como Timothy Ambrose y Crispin Paine, plantear esta didáctica pregunta «¿Qué otros tipos de museo puedes pen­sar?», después de señalar «algunos tipos de mu­seos»: